El verano no sólo cambia nuestra rutina, también puede afectar nuestro deseo sexual. Hay personas que por tener más tiempo libre, se sienten con más energía y ganas de intimidad; mientras que otras se notan más cansadas, incómodas o con menos deseo. Ninguna de las dos experiencias es extraña, de hecho es habitual que suceda.
Hace unas semanas me entrevistaron en el diario Levante de Valencia precisamente sobre este tema: cómo el verano influye en el deseo sexual y por qué no todas las personas lo viven de la misma manera.
Como sexóloga, suelo repetir en consulta que el deseo no es una línea recta: varía con nuestro estado de ánimo, nuestras circunstancias y también con la estación del año. Y el verano, con sus horas de sol, el calor y las vacaciones, suele ser una de esas épocas donde más se nota.
¿Qué le pasa a mi deseo en verano?
Más allá de los mitos, lo que ocurre en esta estación del año tiene mucho que ver con cómo lo vivimos. Y estas son las claves importantes:
- El sol y la luz: mejoran nuestro humor y aumentan la energía.
- El calor: a muchas personas les resulta pesado e incómodo, lo que reduce las ganas de contacto físico.
- El tiempo libre: para algunas parejas es una oportunidad de reconexión; para otras, un espacio donde aparecen conflictos latentes.
- Los cambios de hábitos: dormir poco, comer distinto o abusar de las fiestas también influyen en cómo sentimos el deseo.
En definitiva, el verano puede encender o enfriar el deseo según nuestras propias circunstancias y la forma cómo nos adaptamos a ellas.

Factores físicos y hormonales a tener en cuenta
En la entrevista hago referencia a que nuestro cuerpo se adapta a cada estación y, en verano, suceden varios procesos que impactan directamente en nuestro bienestar y en el deseo sexual. La exposición al sol favorece la producción de vitamina D, que refuerza el sistema inmune, mejora el estado de ánimo y ayuda a despertar la libido.
También cambian nuestros ciclos de sueño, que se ajustan a las horas de luz, haciendo que nos sintamos más despiertos y activos. Y por otro lado, las hormonas responden no solo al clima, sino también a cómo cuidamos aspectos básicos como el descanso, la alimentación o la actividad física.
Y si vemos todo esto en conjunto, podemos caer en cuenta de que estos factores (de una u otra manera) afectan de manera clara cómo experimentamos nuestro deseo.
Cómo cuidar tu intimidad durante el verano
El deseo no necesita trucos de temporada ni recetas mágicas, lo que necesita es atención a ciertos detalles para marcar la diferencia y sobre llevar el verano. Te dejo algunas estrategias para poner en práctica:
- Protege tu salud íntima: evita permanecer con el bañador mojado para prevenir infecciones como hongos o cándidas, esto puede llegar a ser muy molesto.
- No descuides la protección: el preservativo sigue siendo esencial para prevenir ITS.
- Respeta tu ritmo: si el calor o el cansancio bajan tu deseo, no lo vivas como un problema y sobre todo, no te obligues.
- Crea momentos de conexión: busca espacios de intimidad más allá del sexo, porque la complicidad alimenta el deseo y las vacaciones pueden ser un buen momento para salir de la rutina.
La clave: escucha a tu cuerpo
El deseo sexual no tiene un “modo verano” único para todas/os. Para algunas personas, esta estación es un estímulo; para otras, una pausa. Lo importante es entender que ambas experiencias son válidas y que tu deseo merece ser escuchado sin juicios ni comparaciones.
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